martes, 16 de noviembre de 2010

mediodía














Sentada en un café, dejo el lápiz vagar por el papel mientras miro a través de los cristales.

Las gotas de lluvia emborronan los charcos que hace un momento reflejaban el pasar de las nubes.
Exactos círculos concéntricos. Conjuntos disjuntos.

Las voces se amontonan salpicadas del chirriar de la cafetera, el tintineo de vasos y tazas.

Fuera los paraguas se cierran, los pasos se apaciguan. Vuelven las nubes a los charcos.

Regreso la mirada al papel, delante de mí.
Sin querer, he dibujado un mapa.
Me pregunto a dónde lleva.

Apuro el vaso, me pongo el abrigo, el sombrero. Busco las llaves.

Es hora de partir.

viernes, 29 de octubre de 2010

la fragilidad del azar

martes, 21 de septiembre de 2010

lunes de sol y amor














Esta mañana, al entrar en la cocina, me encontré con un mensaje en la pizarra nueva:

" LUNES DE SOL Y AMOR"

Maya, mi hija de seis años, sonreía escondiendo un rotulador en la espalda. "Es que hoy es lunes y hace sol, mami, y seguro que estará lleno de amor. ¡Mira!" -dijo abrazándose a mi cintura.

Y sí. Hoy fue lunes todo el día. El sol tiñó la ciudad con reflejos dorados. Y habría podido llenar un frasco entero de amor que me durase varias semanas.

Igual es mágica, la pizarra nueva. Ojalá.

martes, 24 de agosto de 2010

mostrar


En la memoria hay palabras que no se pueden decir. Duran, y hacen mal y hacen bien, como un caballo loco. Correr por esos campos sin tapar los ojos del recuerdo para que se detenga. Respetar el deseo que no fue. Contestarse con nada y mostrar valor ante el desastre.
Juan Gelman

miércoles, 4 de agosto de 2010

distancias

Esta mañana me castigaron, de cara a la pared.

Abrí los brazos en cruz, instintivamente, con una sabiduría antigua. Me colocaron un libro de geografía en cada brazo.

Pesan los kilómetros.

viernes, 30 de julio de 2010

llave

La trapecista guarda, junto al trapecio, una caja
The box, unlike others, has a key.
En ella guarda sus tesoros más preciados: momentos, pequeñas cosas que la hicieron feliz.

Hace tiempo perdió la llave. Quedó enterrada bajo la arena de la pista, ese paisaje cotidiano que cambia cada tarde. Pensó que alguien la encontraría. Al fin y al cabo, Marcel la barre lentamente cada tarde en busca de objetos arrojados por padres negligentes y niños traviesos. Los caballos, las piruetas de los acróbatas, la capa del mago... la arena se mueve sinuosa, dibujando símbolos extraños. Pensó que aparecería.

Pasan las noches. La trapecista olvida la existencia de la llave, de la caja.

Cuando baja del trapecio, camina de puntillas.

sábado, 17 de julio de 2010

me senté y lloré

"El miedo será un terrible zorro: me morderá las entrañas, bajo mi túnica de buen comportamiento.
Canta, canario, en la tormenta, exhibe tu orgullo amarillo. Dame una razón para la valentía o truco para ser valiente. Pero nada tangible aparece para rescatar mi asediada cordura, y no consigo descifrar el idioma del eucalipto que azota mi tejado.
(...)
Luna, luna, álzate cielo arriba, recuérdame el consuelo, recuérdame que fui valiente alguna vez".

"En Grand Central Station me senté y lloré" de Elizabeth Smart, editorial Periférica.