viernes, 26 de febrero de 2010

angustia

En una oscura cuchillería de la calle Ayacucho, pregunté cuánto costaban unas tijeras para cortar la angustia:
-Cuatro arañas de hoja de banano- contestó el armero.
Me parecen caras. Sigo con la angustia.

Saúl Yurkievich, Trampantojos.

jueves, 18 de febrero de 2010

balada de lo que no vuelve

(...)
Van andando los días a lo largo del año
¿En dónde estás?
Me crece la mirada
Se me alargan las manos
En vano la soledad abre sus puertas
Y el silencio se llena de tus pasos de antaño.
Me crece el corazón.
Se me alargan los ojos
Y quisiera pedir otros ojos
Para ponerlos alí donde terminan los míos
¿En dónde estás ahora?
(...)
Y no hay remedio
Andan los días en tu busca
A qué seguir por todas partes la huella de sus pasos
El tiempo canta dulcemente
mientras la herida cierra los párpados para dormirse.
Me crece el corazón
Hasta romper sus horizontes
Hasta saltar por encima de los árboles
Y estrellarse en el cielo.
La noche sabe qué corazón tiene más amargura.
(...)

Vienen otras miradas y otras voces
Viene otra agua en el rio
Vienen otras hojas de repente en el bosque
Todo es otra cosa
Nada vuelve
Se fueron los caminos
Se fueron los minutos y las horas
Se alejó el río para siempre
Como los cometas que tanto admiramos

Desbordará mi corazón sobre la tierra
Y el universo será mi corazón

Vicente Huidobro


sábado, 13 de febrero de 2010

fronteras inútiles

un lugar
no digo un espacio
hablo de
qué
hablo de lo que no es
hablo de lo que conozco

no el tiempo
sólo todos los instantes
no el amor
no

no

Alejandra Pizarnik. La extracción de la piedra de la locura.

sábado, 30 de enero de 2010

sueño

Nos juntó un sueño.
En el sueño rodábamos
como en el prado fresco.

¿Nos juntará la vida
como el sueño?

En el sueño reíamos
al sol naranja, agrio
en los ojos, húmedo en las sienes.

Rodaba el sueño
y nosotros rodábamos
en el verde increíble
del prado.

Xavier Villaurrutia

viernes, 29 de enero de 2010

Madame Amulette (la vidente)


Madame Amulette presagió que se quedaría sin poderes. Y así fue.

Al igual que siendo niña predijo que iba a ser vidente antes de que lo fuera.
Ahora madame Amulette no puede leer en ninguna mano las líneas del futuro, pero ha aprendido a leer entre líneas el presente.

Cuentos pulga, de Riki Blanco. Barcelona, Thule, 2007

miércoles, 27 de enero de 2010

el ritmo del invierno

A pesar de vivir en la ciudad, mi niñez estuvo marcada por los ciclos del campo: las estaciones, las tareas, las cosechas. Cada viernes por la tarde, mi abuela nos recogía a mi hermano y a mí para llevarnos a su aldea. El autobús no llegaba hasta allí -sigue sin hacerlo- y debíamos caminar unos tres kilómetros en la oscuridad hasta llegar a casa. Durante el trayecto mi abuela nos contaba cuentos. Siempre llevaba una bolsita con gominolas para los momentos de flaqueza.
El sábado y el domingo transcurrían jugando en libertad entre quehaceres: ordeñar y cepillar las vacas por las mañanas, llevar en la carretilla los bidones de la leche hasta la carretera, yendar las vacas hasta el prado y de regreso a casa, sembrar o cosechar dependiendo de la época del año. En julio, además, estaban los quince días en que segábamos, recogíamos y almacenábamos la hierba. En otoño, apañábamos la manzana.

Con el paso de los años, a medida que mis abuelos se han ido haciendo mayores, las tareas se han ido reduciendo mucho: quedan los manzanos, un pequeño huerto y las gallinas de las que nunca quise ocuparme porque me picoteaban los pies. Aun así, permanece el ritmo que marcan las estaciones: ahora, en estos meses de invierno y quietud, toca preparar la tierra, sembrar, e imaginar la primavera: el color de las flores de los cerezos, el sabor de los primeros guisantes comidos a escondidas entre los surcos.

Toca pues mirar hacia adentro: abonar, sembrar, regar, imaginar. En ello estoy.



me gusta esta grabación antigua en vinilo;
además de ser perfecta, esta suite de Bach me recuerda al invierno

lunes, 25 de enero de 2010

sigo soñando (a pesar de todo)